Al pronunciar o escribir una frase sencilla, a menudo se abre una puerta a historias que no habíamos articulado. La propuesta es usar esa puerta como práctica reparadora: escribir desde la frase "Vengo de un lugar donde..." y dejar que aparezcan imágenes, voces o sensaciones.
Vengo de un lugar donde…
La energía de este ejercicio es íntima: es un diálogo contigo mismo. No hay un público, no hay evaluación; solo la posibilidad de ver tu vida con un poco más de distancia y compasión.
Pasos breves
- Encuentra un asiento tranquilo y respira para centrarte.
- Abre un cuaderno y escribe la frase inicial.
- Escribe sin levantar la pluma durante varios minutos; si te quedas en blanco, repite la frase y continúa.
- Lee lo escrito con suavidad y señala lo que más te llamó la atención.
Este formato suele favorecer dos movimientos: nombrar lo que pesa y reconocer lo que ha permitido resistir o crecer. A veces surge duelo; otras, gratitud o asombro por recursos que antes no veíamos.
La práctica regular convierte estas pequeñas indagaciones en mapas personales: con el tiempo notarás patrones, reconocerás lo que sigue doliendo y lo que ha dado fruto. Escribir es, en ese sentido, una forma de autorregistro que ayuda a regular nuestras respuestas emocionales y a sostener la presencia.
Si lo deseas, conserva tus textos en un cuaderno privado. Revisarlos cada cierto tiempo ofrece una medida de cuánto cambiaste y qué necesita más atención. Y si alguna entrada te despierta emociones intensas, recuerda que está bien pedir apoyo de un amigo o un profesional.
